La tierra del pecado, en Netflix, y una fórmula que no falla: crimen, áridos paisajes y culpa


Detrás de un secreto, hay otro, y luego otro que esconde a otro y otro más. Como las muñecas rusas, como las cajas chinas que van encajando, como el hilo del que se tira y siempre hay más para ovillar. Así funciona la intriga en La tierra del pecado, el último policial nórdico de cinco episodios estrenado por Netflix que repite una fórmula… y no falla.
La protagonista de esta miniserie sueca es Dani (Krista Kosonen), una policía hosca, de pocas palabras, tan inteligente como desaliñada. Nos hace acordar a Saga Norén, la detective interpretada por Sofia Helin que nos deslumbró en Bron/Broen (El puente), una de las primeras series nórdicas que desembarcó en las plataformas hace ya quince años.
Como Saga, Dani también es de la ciudad de Malmö y vive atormentada. Y es esa bola de culpa la que la lleva a investigar qué pasó con Silas, un adolescente que desapareció en una zona rural del sur de Suecia.
A Dani le acaban de asignar un nuevo compañero, Malik (Mohammed Nour Oklah), con quien no termina de entenderse. Juntos viajan hasta la península de Bjäre, donde se combinan la costa marina pedregosa, los terrenos cultivables, los pantanos y los bosques. En ese paisaje está escondido el pecado del título y de ese paisaje se desprenden varias señales indispensables para la resolución del caso.
La tierra del pecado está estructurada en función del viejo recurso narrativo del cliffhanger (literalmente “colgado de un precipicio”): cada capítulo termina en un momento de máxima tensión que deja al espectador con la necesidad de empezar el siguiente para saber qué sucede. Imposible no “maratonear”.
Pero, sobre todo, atrapa por el abanico de problemáticas que aborda y por cómo las enlaza: los jóvenes sin futuro, las redes de narcotráfico que se extienden hasta los espacios más impensados, la relación madre-hijo, las familias disfuncionales, la enfermedad y la corrupción estatal.
Cuando Netflix presentó la serie, el guionista y director Peter Grönlund dijo que le había interesado “retratar a las personas al límite, sus miedos, lealtades e instintos de supervivencia: un viaje crudo y cinematográfico a la psicología que las impulsa y a los secretos que llevan como una segunda piel”. Y lo ha logrado, sobre todo en la figura del patriarca de la familia de Silas, su tío Elis, un personaje sinuoso, pleno de silencios.
Es destacable el desempeño de Peter Gantman en este papel, un actor debutante que antes trabajaba como camionero.
Lo fascinante de las novelas, películas y series escandinavas es que nos muestran la otra cara de una sociedad que, al menos para algunos de los que vivimos en el sur del mundo, resulta admirable.
La ficción nos viene a decir que esos países que encabezan los rankings de los más felices (Finlandia, Dinamarca, Islandia, Suecia, Noruega) tienen un costado de mucha oscuridad. Justamente, la crítica social, la atmósfera sombría, el dilema ético, el paisaje sórdido y los personajes complejos son parte de las reglas del género, esa fórmula de la que hablamos y que tan bien funciona en La tierra del pecado.
Calificación: Muy buena.
Policial, suspenso, drama Protagonistas: Krista Kosonen, Mohamed Nour Oklah y Peter Gantman Director y creador: Peter Grönlund Emisión: una temporada de cinco episodios en Netflix.
Fuente: www.clarin.com



